He de decir que tras una dura lucha interna conmigo mismo, he decidido arrancar este blog, aunque sin el convencimiento total de poder mantenerlo activo a un ritmo alto de entradas, se hará lo que se pueda.
Que el inicio de este blog coincida con el inicio de mi Erasmus en Suecia, no significa que su objetivo principal sea contar qué es un Erasmus, o lo bien que se lo pasa uno bebiendo cerveza aquí (que también), sino que intentaré contar, con más o menos acierto, lo que se me vaya pasando por la cabeza a medida que transcurra el tiempo.
Hoy, he amanecido, por quinta noche consecutiva en mi habitación de Xenia, en la ciudad sueca de Skövde. De estos cinco días pasados, los primeros en Suecia, destacaría varias cosas:
- La variabilidad meteorológica. Aquí las nubes no están, aquí las nubes pasan por el cielo a una velocidad acojonante, lo que hace que pases de la lluvia más tremenda al sol más alegre en apenas media hora. Esto no parece divertido, ni lo es. Cada vez que sales de casa has de tener en cuenta que sin una capa impermeable, vas a llegar a casa hecho una sopa, be sure of that.
- La amabilidad de la gente. Aunque parezca mentira, en este país de carriles bici, mi compañero de Erasmus (Rai) y yo, hemos tenido que dar mil cabezazos hasta conseguir un par de bicicletas de segunda mano. Esto que en realidad es un engorro, ha sido mucho más fácil debido a la enorme amabilidad de la gente, que nos ha facilitado las cosas muchísimo. Cualquier persona está dispuesta a pararse a hablar contigo, el tiempo que haga falta, y ayudarte a encontrar un lugar, el bus correcto...y lo que haga falta. A esto ayuda el alto nivel de inglés de la gente, por supuesto.
- La internacionalización que supone la Erasmus. En apenas cinco días he conocido a no menos de 50 personas, de diferentes países, y con muy diferentes personalidades, pero en ningún momento ha surgido ningún tipo de conflicto. Cuando las personas quieren sacar lo mejor de ellas mismas, casi siempre lo consiguen.
Y para despedirme, una anécdota. Esta mañana me he despertado a las 8 y cuarto y tras varios repasos a la actualidad cibernética, he decidido ir a hacerme un café. Se daba el caso de que llevaba una hora despierto pero no había hablado aún con nadie. Mientras estaba en la cocina ha entrado un chico alemán muy simpático y que es vecino de planta, pues bien, cuando he intentado hablar para saludarlo, todo lo que ha salido de mi garganta ha sido un gritito tan patético que ambos nos hemos partido de risa. Nuestra primera fiesta de la noche anterior, estaba pasando factura. Automáticamente me ha traído caramelos de eucaliptus y me ha deseado una rápida recuperación :D
Os dejo una foto de mi habitación.
Saludos
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